Mes: mayo 2022
¿Qué es estar en alta o baja vibración?
Artículo por Ana Elisa Moreno
Comencemos desde el principio.
De acuerdo con Michael J. Griffin, fundador del Instituto de investigación del sonido y vibración en USA, en la “Enciclopedia de salud y seguridad en el trabajo” explica que la vibración es un movimiento oscilatorio. Este tiene cierta magnitud de acuerdo con la velocidad de desplazamiento hacia una dirección y después, la velocidad de desplazamiento hacia la dirección opuesta. El cambio de velocidad entre ambas nos da una frecuencia de vibración que se mide en ciclos por segundos, es decir hertzios (Hz). Esta frecuencia vibratoria afecta al cuerpo de muchas maneras.
El cuerpo humano tiene un límite máximo de frecuencias que puede recibir sin efectos adversos, y estos van de 0.5 a 100 Hz. Entonces, la respuesta humana a las vibraciones varía según la frecuencia de vibración que depende también de la duración total de la exposición a esa vibración. Ciertas frecuencias tienen efectos adversos como malestares físicos, cognitivos (aprendizaje, memoria, toma de decisiones…) y psicoemocionales (excitación, motivación, tensión mental…).
Así pues, si la materia está compuesta de células, y éstas de moléculas, y éstas de átomos, y los átomos de electrones, protones y neutrones, y éstos de quarks, al final, todo es energía y todo vibra, incluso los pensamientos. En palabras de Mariana Fresnedo, ingeniero industrial dedicada a entender esto de las vibraciones, “los pensamientos son pulsaciones de frecuencia”, así que, si tienes pensamientos positivos, éstos se mueven a frecuencias más elevadas y decimos que estamos vibrando alto, y los pensamientos negativos tienen frecuencias más densas y, por tanto, decimos que estamos en baja vibración. Transformar nuestros pensamientos es un arte, y podemos lograrlo. Hablemos un poco más de otros componentes:
Como nosotros vibramos, por resonancia captamos la vibración afín y ésta se expande.

La resonancia es el incremento de la amplitud de cierta frecuencia aplicada que es igual o cercana a otra frecuencia, es decir, si dos objetos vibran a la misma frecuencia o muy similar, se “reconocen” y amplían la magnitud de esa frecuencia entre ambos. Por ejemplo: Imaginemos una orquesta en donde dos violines siguen la misma partitura y por tanto al ser tocados emiten la misma vibración, lo que escucharemos es el mismo sonido incrementado, expandido.
Entonces, si nosotros vibramos y por resonancia captamos la vibración afín y ésta se expande, ¿cómo sabemos nuestra vibración? Simple: observa lo que hay a tu alrededor.
En general nuestra vibración es variable durante el día de acuerdo a lo que hacemos, pensamos y sentimos, pero no es azarosa, nuestra vibración está bajo nuestro control. Si nuestra vibración baja, podemos subirla si ponemos atención y hacemos lo necesario.
Una vibración baja, atrae por resonancia, situaciones, objetos y pensamientos de baja vibración, por ejemplo: Si estamos conectados al miedo y no hacemos nada para salir de él, en muy poco tiempo habremos generado más situaciones, objetos y pensamientos que incrementen (amplíen) este miedo, y terminaremos teniendo miedo del miedo que sentimos porque la frecuencia del miedo resuena (se conecta) al miedo que hay alrededor de nosotros.
De forma inversa, una vibración alta, atrae por resonancia, situaciones, objetos y pensamientos de alta vibración.
Ciertamente no podemos estar siempre en alta vibración porque la vida cambia, suceden cosas fuera de nuestro control, sin embargo, si podemos modificarla si nos encontramos en baja vibración. ¿Qué podemos hacer?
1. Cuidar lo que consumimos, y eso aplica a alimentos, pensamientos, información, música, pláticas, actividades de recreación…y en general, todo lo que entra por nuestros sentidos.
2. Ser consciente de la calidad de tus pensamientos para hacer lo que tengas que hacer para dirigirlos hacia la coherencia personal.
3. Sintoniza con tus verdaderos deseos, pregúntate cada tanto si estás dónde quieres, si haces lo que quieres, si eres quien quieres ser y haz los movimientos necesarios para mantenerte alineado a tu esencia.
4. Obsérvate para detectar los detonantes del miedo, la angustia y el enojo para que puedas trabajar con ellos y minimizar el impacto en tu vida.
5. Mantén una clara intención de lo que quieres y para qué lo quieres y permite que el campo unificado de consciencia se manifieste.
6. Dormir suficiente, cantar, bailar, tener un pasatiempo, aprender cosas nuevas y relajarte cada que te sea posible.
7. Y, sobre todo, descubre el amor en ti, llénate de él y notarás que naturalmente lo compartirás con los demás.

Recuerda que podemos elegir nuestra vibración y no solo vivir el caos que puede desequilibrarnos. Mucho de lo que vivimos está fuera de nuestro control, lo que sí podemos controlar es cómo queremos responder a ello y qué deseamos sintonizar en nuestra vida.
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Qué es estar en alta o baja vibración – Ana Elisa Moreno
Reiki 1
Segunda Ley Hermética
Numerología
Ana Elisa Moreno, 20 de abril de 2022
Terapeuta holística
El universo está codificado en números, es decir, todo tiene una vibración y ésta se expresa en números. Desde tu fecha de nacimiento hasta la cantidad de planetas, todo. Cada número tiene un significado que nos permite saber cómo funciona esa vibración.
Hay muchos tipos de numerología, cada una nos explica cosas diferentes; unas hablan de nuestra alma, otras de nuestra encarnación, otras sobre nuestra vida cotidiana y otras sobre aspectos del universo. Sin embargo, el significado arquetípico de los números es igual para todas. Los números aparecen en los nombres de empresas, personas, en la numeración de las casas, nuestra fecha de nacimiento, en fechas especiales, en nuestra vida cotidiana y en general en todos lados. A través de la numerología podemos descodificar su significado.

El número 1, a grandes rasgos, significa unidad, inicios, energía puesta en sí mismo, el primer movimiento.
El 2, nos remite a la unión, al descubrimiento del otro, a la creatividad y la acumulación de energía destinada a una idea.
El 3 nos habla de la explosión de la energía contenida en el 2, así como el nacimiento de algo, la decisión, el entusiasmo y la conexión con la vida.
El 4 remite al orden, la estructura, el trabajo y la manifestación de aquello que se planeó.
El 5 vuelve el llamado hacia afuera, a la liberación de la contención anterior, la búsqueda de lo nuevo y el aprendizaje a través de los sentidos.
Cuando hablamos del número 6 se nos regresa a la calma, donde se armoniza todo lo anterior, el equilibrio no es rígido, sino fluido, pues hay coherencia.
El 7 es el número perfecto, hay estabilidad y al mismo tiempo entusiasmo y objetivos, sin embargo, hay consciencia y calma, desde ahí se expresa al mundo.
El 8 es el perfecto equilibrio de fuerzas, la polaridad encuentra su punto medio y desde ahí contacta el éxito, la abundancia y el placer bien gestionado.
Con el 9 hay evolución, se cierran ciclos, se limpia la casa y se avanza; el amor incondicional hace su aparición, nada se espera, así que todo es perfecto.
Evidentemente, en un mundo dual, los números también pueden expresar la otra polaridad, es decir, el 1 es el inicio eterno, la falta de confianza y la energía puesta hacia fuera de sí. El 2, la dualidad expresada en conflictos con el otro, el derroche creativo sin enfoque que no nos lleva a ninguna parte y la confusión emocional. El 3, la indecisión, el nacimiento frustrado, la infelicidad y la desconexión. El 4 la rigidez, el desorden, la falta de estructura y de trabajo. El 5 contiene su energía, no la comparte en el mundo y con ello se cierra el aprendizaje y el avance. El 6 representa la desarmonía, la incoherencia y la manipulación. El 7 la mentira, la falta de objetivos y el drama. El 8 es la imposibilidad de contactar el placer, la tensión y el desequilibrio. Y el 9, la involución, la negación a soltar y el cierre del corazón.

Pero ¿cómo sabemos el mensaje que nos tienen los números en nuestra vida personal? Antes de nacer elegimos nuestra fecha de nacimiento y esa fecha contiene lo que necesitamos saber respecto a quienes somos, nuestras fortalezas y debilidades, nuestros retos, nuestra misión de vida, e incluso algunas experiencias de vida que de acuerdo a cómo las vivamos se convertirán o no en nuestras heridas de vida y que son las que nos harán evolucionar. Al conocer nuestra naturaleza, la que elegimos en esta vida podemos vivir más conscientemente desarrollando todos nuestros potenciales.
¿Te gustaría saber más de numerología? Si es así, no te pierdas los siguientes artículos sobre este emocionante tema.
Artículo para descargar:
Numerología – Ana Elisa Moreno
Escrito por Elizabeth González
Recuerdo que le preguntaba a mi mamá:
–¿Dónde está papá?
–En el Cielo –decía ella.
–¿Qué hace en el Cielo?
–¡Ah! Pues está con Dios y los ángeles.
Su respuesta era casi siempre esta. Entonces yo me imaginaba que mi papá estaba en un hermoso lugar, pasándola genial en compañía de Dios y de los ángeles.
También recuerdo mi obsesión por los edificios altos. Imaginaba que, si pudiera subir a la azotea de cualquiera de esos edificios, seguramente estaría más cerca del Cielo y así mi papá podría alcanzarme y llevarme con él.
Estos pensamientos eran alentados por una canción que sonaba mucho en aquella época, a principios de los 80’s: Un día con mamá de Cepillín, “El payasito de la tele”.
En una de sus estrofas, esa canción dice algo como:
-
Yo no sé por qué mamá al cielo tuvo que ir
a papá le voy a pedir que me deje ir con mi mamá
al Cielo voy a ir y le voy a decir
que no tengo con quién jugar y con ella me voy a quedar…
Claro que yo le cambiaba la letra y en lugar de decir mamá, yo decía papá: “Yo no sé por qué, papá al cielo tuvo que ir”. En fin. Cuando pensé en escribir este artículo me acordé de todo esto.
Y es que me doy cuenta que, con el afán de no sentir tanta pena cuando alguien querido muere, o con el afán de consolar un poco a las personas que le sobreviven, hemos “romantizado” mucho a la muerte. La hemos pintado como “algo que acaba con el sufrimiento, con el dolor y con la enfermedad”. Imaginamos que las personas que mueren están en un “lugar” donde todo es hermoso y no tienen nada de que ocuparse ni preocuparse.
En este punto hago una aclaración pertinente: no intento decir que esto no pueda ser así, y mucho menos intento romper con la paz que deja la esperanza de que esto pueda ser cierto. Mi intención no es acabar con las esperanzas ni con la Fe de que hay algo que nos pueda estar esperando del otro lado de la muerte.
En realidad, mi propósito es acabar con la idea de que la muerte puede ser una solución. Lo que intento decir es que efectivamente cuando una persona muere el cuerpo deja de sentir dolor; pero en realidad deja de sentir TODO. Deja de sentir las caricias y los besos que le podemos dar.
Efectivamente, la muerte acaba con la enfermedad, pero también con la vida.
A mí me pasó que, con todo lo que me decían respecto a la muerte y al Cielo, llegué a pensar que estar en el Cielo era mejor que estar en la tierra. Porque mientras allá todo, aparentemente o según lo que me contaban, era “miel sobre hojuelas”, aquí en la tierra todo estaba “patas pa’rriba”.
Mi mamá siempre estaba cansada y de mal humor porque tenía que trabajar mucho, mis hermanos mayores estaban descontrolados, los más chicos la pasábamos solos la mayor parte del día; sufrimos abandono y, por si fuera poco, también abuso de todo tipo.
Así que la idea de “ir al Cielo” era bastante tentadora y alentadora. Y a lo largo de mi adolescencia y mi juventud, esta idea estuvo rondando mucho mi mente, sobre todo cuando me tocaba atravesar situaciones muy dolorosas como separaciones o dificultades serias.

Yo decía: “la muerte acaba con el dolor”. Y yo quería eso, que el dolor acabara.
En mis consultas tanatológicas, me he encontrado con una gran cantidad de pacientes (niños, jóvenes y ancianos) que piensan igual que yo en aquella época. Una de las frases que más escucho es:
–Me debería morir para dejar de sufrir.
Recientemente hablé con una paciente que estaba pasando por una crisis, la cual le causaba mucho dolor, pues sus hijas adolescentes eligieron mudarse con su papá. En medio de su crisis, mi paciente decía una y otra vez: “Mejor quisiera morirme”.
Cuando le pregunté qué era lo que se imaginaba exactamente si ella llegara a morir, me dijo:
–Pues sí… Me gustaría morirme para dejar de sufrir, “para ya no ser una molestia para mis hijas y así ya no molestaría a nadie”.
Y es que, cuando pensamos en la muerte, por alguna extraña razón pensamos que acaba sólo con “lo malo”. Pero no nos damos cuenta que la muerte acaba con TODO. Con lo bueno y con lo malo. Y como decía al principio, efectivamente acaba con el dolor, pero también con el placer.
Yo traté de hacerle ver a mi paciente que cuando nos enfrentamos a un dolor tan grande “nos queremos morir”, porque hemos decidido, inconscientemente, que ese problema o esa situación NUNCA se resolverá o que SIEMPRE será igual de dolorosa. Y eso no es verdad.
–¿De verdad piensas que tus hijas SIEMPRE van a tener 16 y 18 años?, –le dije.
–No –respondió ella.
–¿De verdad crees que NUNCA van a cambiar de opinión? ¿Qué la vida no les dará oportunidad de reflexionar sobre lo que han hecho bien o mal?
–Bueno… creo que tal vez, cuando crezcan y sean madres se den cuenta del daño que me han causado –dijo.
–Pero para ese entonces tú ya no estarás, porque habrás muerto, según tus deseos de este momento. Y estando muerta ya no podrás escuchar esas disculpas. Y mucho menos podrás perdonarlas y abrazarlas. Ya no podrás reconciliarte y volver a recomenzar una relación con ellas, porque estarás muerta… ¿Entiendes?
–Es más, –le dije– si tus hijas llegaran a ser madres tu no tendrías la posibilidad de conocer y convivir con tus nietos, porque estarías muerta.
Ella se quedó pensando y después de un par de minutos dijo: –Eso es algo que no había pensado, y que no me gustaría que pasara.
Hay muchas cosas que aún siendo Tanatóloga, desconozco de la muerte. No sé, por ejemplo, si las personas que se han ido están en el Cielo o en algún otro lugar. Me gusta pensar que sí, pero no tengo la certeza de que ellos nos pueden “ver” o “escuchar”, como lo hacían aquí en la tierra.

Pero hay algunas cosas que sí sé y siento:
-
1. La muerte acaba con las experiencias sensoriales en el cuerpo de la persona; con todas las sensaciones. Las de dolor y las de placer.
2. Sé que cuando alguien muere, no lo volvemos a ver, ni a escuchar, ni a sentir como cuando estaba vivo.
3. Sé que la muerte al acabar con la vida, acaba con TODAS las posibilidades: la de volver a hablar, volver a intentarlo, ofrecer disculpas, perdonar, volver a abrazar y volver a empezar.
Por estas razones nos duele tanto cuando alguien que amamos se va.
Por eso te invito a dejar de pensar que la muerte puede “solucionar” algo. Porque la única que ofrece esa posibilidad, es la Vida.
Apuesta por la vida y nunca perderás.
Apuesta por saber que en la vida ningún dolor, conflicto, problema o desamor dura para siempre. Todo cambia: la intensidad, los pensamientos respecto a eso y las actitudes de las otras personas. Nada en la vida permanece de la misma forma ni de la misma intensidad.
-
La vida cambia.
Las personas cambian.
El cuerpo cambia.
Las enfermedades y las medicinas cambian.
Los sentimientos cambian.
Tú cambias.
Aprendes nuevas cosas y olvidas otras.
Recibes nuevas cosas y dejas ir otras.
Algunas personas se van, pero otras llegan.
La vida es movimiento, es cambio, y el cambio es oportunidad. “Mientras haya vida, hay oportunidad” no es un slogan barato; es la verdad.
La muerte nunca es una solución.
La vida sí.
Sólo aférrate a esta idea y pide ayuda si crees que solo o sola no puedes.
Artículo para descargar:
La solución no está en la muerte – Ely González
Primera Ley Hermética
Mensaje de los Arcanos – El Hierofante
El Autoestima