Autor: Jules Michelet

Libro para descargar:
La Bruja – Jules Michelet
Autor: Jules Michelet

Libro para descargar:
La Bruja – Jules Michelet
Autor: Rudolf Steiner

Libro para descargar:
Evangelios – Rudolf Steiner
Autor: Aleister Crowley

Libro para descargar:
El Libro de las Mentiras – Aleister Crowley
Autor: Eliphas Lévi

Libro para descargar:
Curso de Filosofía Oculta – Eliphas Lévi
Autor: Annie Besant

Libro para descargar:
4 en 1 Doctrina Oculta – Annie Besant
Autor: Helena Blavatsky

Libro para descargar:
La Doctrina Secreta VI – Helena Blavatsky
Autor: Helena Blavatsky

Libro para descargar:
Narraciones ocultistas y cuentos macabros – Helena Blavatsky
Escrito por: Guadalupe Cruz
Psicoterapeuta
Desde los más pequeños hasta los más grandes tienen o han tenido la desfortuna de sentirlo por lo menos una vez en su vida.
Nadie que esté vivo es ajeno a él, ¿algunas razones? la poca gestión del tiempo, la familia, el trabajo, la escuela, los niños, la incertidumbre de no saber qué va a pasar en un futuro, nos roban la tranquilidad.
El ser humano necesita tener seguridad y la sensación de control, pues ambos son pilares en su vida para mantener cierto equilibrio; sin embargo, si hablamos de seguridad, podemos darnos cuenta de que ya no existe y un ejemplo claro es el contenido diario de las noticias, pues en ellas se habla de robos, asaltos, secuestros, etc. Y tanto hombres como mujeres se andan cuidando hasta de su sombra.
Amargamente, un claro ejemplo de este estrés con el que se vive es cuando las chicas, apenas anochece, se sienten temerosas de salir de sus trabajos, de sus casas, de ir de fiesta, con sus amigos o de antro, por el miedo a ser asaltadas, secuestradas o peor, transgredidas.
Y entonces me pregunto ¿quién no tendría miedo, estrés o generar ansiedad, bajo estas circunstancias?
Pues precisamente a esto es a donde dirigiré el artículo de hoy, dando algunas sugerencias para manejar la ansiedad.
Si bien es cierto todo el que ha tenido ansiedad sabe que en algún momento “se rompió”, es decir que de repente en una parte de su vida tuvo esa ansiedad más elevada, tal vez en un ascensor, en una reunión, en una discusión con su pareja o sus hijos, con algún familiar enfermo y no supo qué hacer, con alguna situación en donde sintió demasiado estrés y no supo cómo actuar, y a partir de esto sufre ansiedad y hay más desencadenantes que no ha podido identificar.

Y me dirán, ¿porque no todos padecen ansiedad?
Tiene que ver con hábitos de vida (¿duermo lo suficiente, como alimentos saludables, hago ejercicio, ingiero alcohol, cigarrillos u otro tipo de drogas?) y con una personalidad con predisposición a la ansiedad.
Algunos rasgos de personalidad que pudieran tener predisposición a la ansiedad son: personas que tienden a los excesos, es decir que no tienen un control sobre sí mismas, por ejemplo aquellos que beben mucho, que fuman en demasía, que tienen compras compulsivas, atracones, que pueden tener un maratón de videojuegos o ver unas serie completa en un solo día, también pueden tener ansiedad personalidades perfeccionistas, controladoras obsesivas, personas que tienen pensamientos rumiantes, es decir que estén pensando constantemente en que dijo, que no dijo, que hizo, que no hizo, personas a las que le cuesta expresar sus emocionas por consiguiente puede tener algunas situaciones físicas como contracturas musculares, dolores de estómago, cabeza, etc., todas estas personalidades pueden padecer ansiedad debido a que viven en constante tensión.
Entonces lo primero que tendrían que hacer para bajar dicha ansiedad es, encontrar la raíz de la misma, recordar cual fue la primera vez en la que se presentó, ¿que había?, ¿cómo fue?, ¿con quién fue?, ¿dónde estaban?, recordar los más posibles detalles, para así entender cuál es el factor que esta desencadenándola.

Observar si fue un cumulo de cosas y se “rompió”, si fue un tema circunstancial o si es algo que no sabe gestionar.
Analizando, comprendiendo, trabajando de donde viene esta forma de ser, podemos ser capaces de matizar y gestionar la ansiedad para que tenga un buen pronóstico.
La respiración es esencial, en muchos sentidos, nuestro estado de ánimo y nuestras emociones dependen en gran parte del grado de activación del sistema nervioso. Si falta oxígeno, experimentaremos más estrés, ya que nuestro cuerpo entrará en fase de alarma para encontrar una solución a esa situación. Lo que pasa es que parte de ese déficit de oxígeno puede deberse a cómo respiramos.
Las técnicas de respiración ayudan a sacar el máximo potencial de nuestros pulmones, y esto nos permite obtener una ventaja significativa en los momentos concretos en los que nos sentimos demasiado activados.
Dar un paseo podría ayudar, al salir, tenemos la posibilidad de encontrar nuevos estímulos que reclaman nuestra atención y que nos permiten “refrescar” la mente.
El ejercicio te ayuda a mantener tu mente despejada ayuda a que tu cuerpo libere estrés y tensión, hacer ejercicio diario es una excelente terapia para la ansiedad.
La meditación es una de las mejores técnicas para mantener tu mente en equilibrio y tomar control de tus pensamientos, enfocando tu mente en las cosas positivas de tu vida.
Técnica 5,4,3,2,1 consiste en pensar 5 cosas que podemos ver en ese momento, 4 que podemos oír, 3 cosas que podamos sentir, por ejemplo: los pies en tus zapatos, la textura de tu ropa, etcétera; 2 cosas que puedas oler y 1 que puedas saborear.
El éxito de esta técnica es que el cerebro focaliza la atención en los sentidos dejando en un segundo plano los problemas y aspectos que están causando en este momento la ansiedad.

Como puedes leer, parte del éxito de controlar tu ansiedad es relajarte y distraer tu mente, sin embargo, si ya hiciste las técnicas mencionadas y notas que no funcionan, sería conveniente acudir con un terapeuta.
Espero este artículo sea de tu agrado, pero sobre todo de ayuda.
Artículo para descargar:
Y si me estreso – Guadalupe Cruz
Escrito por: Ana Elisa Moreno
Terapeuta holística
Estamos vulnerables cuando no sabemos cómo resolver un ataque de cualquier tipo. No nos sentimos capaces de hacerlo y nos volvemos presas de emociones abrumadoras. En cambio, cuando sentimos que somos capaces de solucionar un conflicto y, sobre todo, capaces de manejar las emociones, y nuestras respuestas ante la situación, el conflicto se convierte en una posibilidad de crecimiento personal cuya solución nos construye. Cada conflicto que solucionamos nos fortalece y nos libera, y dejamos de ser presas del miedo.

¿Cómo lograrlo?
Lo más importante es no esperar a que suceda. Si bien no sabemos qué puede pasar, cuando nos observamos podemos encontrar situaciones de conflicto que suceden una y otra vez, por ejemplo, si cada vez que llego al centro comercial me estreso buscando un lugar de estacionamiento y si no lo encuentro pierdo la calma, es un posible conflicto en el que puedo trabajar desde hoy. De esta forma, comenzaré el camino para la auto regulación emocional y el fortalecimiento de mis capacidades de resolución.
He aquí algunas recomendaciones, y la primera es que apliques solo las que te hagan sentido y desees experimentar:
1. Observa.
Siéntate en un lugar cómodo y contacta tu mente con la situación de conflicto que te preocupa y observa tu cuerpo, no tus pensamientos, sólo tu cuerpo. Revisa si la temperatura cambió en alguna parte de él, si detectas tensión, algún dolor, si la respiración se agita, y cualquier cosa que pueda darte indicios del conflicto en tu cuerpo.
Ahora, contacta con una situación que te haga sentir muy bien, quizá un recuerdo agradable o un hábito que disfrutas, y vuelve a observar tu cuerpo. Observa si se relaja, si cambia su temperatura, si se distiende o se contrae, si los dolores desaparecen y lo que sea que te dé información interesante.
A continuación, contacta con una situación neutra, algo que no consideras ni agradable ni desagradable y vuelve a observar tu cuerpo.
Una vez que tienes estos mapas de tu cuerpo en situaciones desagradables, neutras y agradables procura, cada vez que te acuerdes, hacer una pausa y observar tu cuerpo para ver si te da información de las emociones que se están desplegando a través de él.

Si detectas sensaciones que incluirías en las situaciones desagradables, trata de encontrar lo que está ocurriendo y trabájalo para solucionarlo. Si, por el contrario, lo que detectas es neutro o agradable, disfrútalo.
A través de la repetición de este ejercicio, con el tiempo comenzarás a notar signos tempranos en tu cuerpo que te avisarán de la necesidad de gestionar emociones de miedo y sus derivados. Podrás ponerte a salvo si es necesario y en vez de reaccionar, podrás responder creativamente.
No se trata de negar o detener las emociones que nos abruman, la idea es reconocerlas de manera temprana para observarlas sin drama y tener la oportunidad de responder de la manera que nos haga sentir mejor.
2. Arma tu caja de herramientas.
En la mayoría de las casas, hay una caja de herramientas que nos permite solucionar desperfectos o darle mantenimiento a la parte de la casa que lo necesita. Si bien, esa caja de herramientas no servirá si hemos dejado que el tiempo agrave el desperfecto, si será de gran ayuda cuando el desperfecto comienza. La caja de herramientas en casa generalmente contiene herramientas diversas para cada caso.

Nosotros también podemos hacer nuestra caja de herramientas para gestionar conflictos. En ella ponemos todas aquellas actividades y pensamientos que sabemos nos funcionan en determinadas situaciones. Para armar tu caja de herramientas personal, ve probando diversas cosas; quizá un mantra, prender una vela, salir a caminar o hacer respiraciones te pueden funcionar cuando te encuentras ansioso, para cuando estás enojado puedes probar hacer ejercicio, escribir en tu diario, hacer algo de jardinería o hablar con alguien, y para la tristeza quizá elijas ver una película, pintar mandalas, tomar un largo baño o salir a la naturaleza. Prueba distintas herramientas para incluir en ella y cámbialas si sientes que ya no te aportan. No todos tienen las mismas herramientas, cada uno de nosotros tenemos las propias, las que nos hacen sentido a nosotros y que nos ayudan.
Cuando estés en un conflicto, abre tu caja de herramientas y úsala, notarás cómo si tienes muchas opciones para manejar un conflicto desde el inicio y no permitirás que se salga de control.
3. Haz una lista.
Elabora una lista de situaciones que en general te causan conflicto y de las reacciones que tienes ante ellas. Por ejemplo, “cada vez que veo a alguien pelear, me pongo tan nervioso que me echo a correr”. Observa lo que denota en ti cada situación de conflicto que has vivido.
Una vez que tengas esa lista, observa tus respuestas. En todos los casos, un detonante nos lleva a situaciones similares de nuestro pasado donde la respuesta que hoy parece automática se fue elaborando. En todos los casos, las primeras veces que respondiste de la forma que lo haces hoy sin pensar, fue la reacción correcta para ponerte a salvo. Si usamos el mismo ejemplo, quizá correr era una forma de ponerte a salvo cada vez que tus hermanos mayores peleaban entre si y de esa forma no “se metían contigo”. Al cabo de muchos pleitos y muchas veces que corriste, aprendiste a reaccionar de la misma forma ante situaciones similares.
Sin embargo, hoy puedes revisar la lista y ver si algunas de esas reacciones automáticas siguen teniendo la misma vigencia que antes, es decir, puede ser que ahora puedas responder de una forma diferente o hayas entendido que reaccionabas así por la edad que tenías, y que ahora eres más maduro, estás más fuerte y no es necesario correr. Quizá incluso puedas detectar que en realidad ya no tienes la misma sensación de vulnerabilidad que tenías a esa edad y no hay razón siquiera para ponerte nervioso.

Si al hacer la lista te das cuenta de que algunas de esas reacciones siguen siendo necesarias para ti, indaga un poco más y trata de descubrir por qué crees que sigue siendo necesaria la misma reacción y detecta el punto que debes trabajar. Siguiendo el mismo ejemplo, es posible que descubras que te sigues sintiendo incapaz de defenderte y te asuste mucho que terminen peleando contigo. Ante esa situación, tal vez creas que sería una buena idea buscar la forma de aprender a defenderte, quizá aprendiendo alguna técnica de defensa personal, o bien, trabajando con tu autoestima a través de alguna terapia.
Hacer una lista de lo que te causa conflicto te ayudará a detectar aspectos que puedes mejorar para fortalecerte física, mental y espiritualmente y trabajar en ellos, de tal forma que, con el trabajo personal realizado, ante los mismos detonantes te sentirás más capaz de resolverlos.
4. Lleva un diario o bitácora.
Si ya estás en la zona de conflicto y las emociones abrumadoras se dispararon, escríbelo.
Un diario es una magnífica forma de sacar las emociones del cuerpo y organizar tus pensamientos. Escribe todo lo que salga de ti sin pensarlo, sé detallado y siéntete libre de expresarlo con las palabras que salgan al momento. Notarás como al final te sentirás más calmado e integrado.
Pero, si te preocupa que alguien pueda leer tu diario y prefieres hacer una bitácora, también ayuda, aunque ciertamente no es tan completa como la anterior. En esa bitácora escribes de manera organizada y concisa lo que pasó, las emociones que se dispararon, lo que piensas sobre ello y las acciones que quieres llevar a cabo.

Ambos, el diario y la bitácora permiten la integración de la experiencia y la exploración de la misma desde un lugar más tranquilo, brindándote mayor claridad en mente y emociones. La idea es que al cabo de un tiempo vuelvas a leer lo que escribiste y veas cómo ha evolucionado. Es posible que notes que tu perspectiva de la situación ha cambiado o detectes áreas a trabajar.
Si en esa nueva lectura descubres que sigues anclado al conflicto, es momento de pedir ayuda, quizá platicarlo con alguien que consideres que será objetivo y que te ayude a integrar la información sin enjuiciarla ni tratar de solucionarla por ti, puede ser un amigo, familiar o terapeuta.
Lo importante para fortalecernos y responder de mejor manera ante los problemas es el autoconocimiento, si sabes quién eres, qué detona en ti emociones abrumadoras, cómo respondes a ellas y qué herramientas tienes, te permitirán crecer ante los conflictos.
No tienes que huir de ellos ni huir de las emociones que se disparan en ellos, con frecuencia el enojo nos llevará a resoluciones necesarias, la tristeza nos permitirá ver lo que necesitamos, la frustración nos ayuda a identificar a qué nos aferramos, y así, cada emoción abrumadora nos da información valiosa sobre nosotros mismos. Usar esa información para nuestro crecimiento nos dará las herramientas necesarias para sentirnos capaces de solucionar lo que venga, adaptándonos a los constantes cambios de la vida y recuperarnos cuando el dolor toque a nuestra puerta. El autoconocimiento es un acto de amor hacia nosotros mismos, y al mismo tiempo, un acto de amor hacia los que nos rodean, entre más en paz nos sentimos con nosotros mismos, más en paz nos sentimos con los demás.
Artículo para descargar:
Ante el conflicto
Escrito por: Guadalupe Cruz
Psicoterapeuta
Me gustaría comentarles que hoy a la hora del almuerzo, mi hija menor mencionó que estaba viendo una serie, su hermano le preguntó que cuál y ella dijo el nombre, entonces su papá me voltea a ver y me dice “¿sabes que serie es y de que trata?”
¡¡Inmediatamente contesté “¡¡Si, claro!! Es una de dibujos animados”
Mi esposo sonrió (aunque más que sonrisa pareció mueca) y me dijo “No, ¡no sabes de qué se trata!” y me explicó que, aunque fuera de dibujos animados, era una serie para adultos; yo me sentí pésimo, ¿en qué momento mi pequeña empezó a ver eso? ¿Cómo es que yo había sido tan confiada y pensar que por ser de dibujos animados estaba realizada para niños?
Y fue aquí donde recordé tan maravillosa y cierta frase: “los hijos no se pierden en la calle, se pierden en la casa”
Muchas veces en nuestro diario vivir nos es más cómodo que nuestros hijos pasen horas viendo televisión o estén encerrados en su habitación con un dispositivo móvil, primero porque “no me da lata”, “no me interrumpe”, “no me hace tiradero”, y segundo porque “es mejor que esté en su casa y no ande en la calle de vago”; pero… ¿hasta dónde esto resulta “seguro” o “positivo”?
Si bien es cierto, que muchas veces no tenemos tiempo, es importante saber qué están haciendo nuestros hijos dentro de su habitación, qué ven en su celular y cuidar el tiempo que pasan en este dispositivo.

Por lo tanto, quiero decirles que fue hasta hoy que pude entender el significado de esta frase que es total y absolutamente cierta, sobre todo en la actualidad, donde nuestros hijos en edad escolar tienen acceso a la tecnología y a las redes sociales …
Nuestros hijos no sé pierden en la calle, se pierden en la casa cuando no hay un ambiente cordial, cuando los padres trabajamos de sol a sol y no compartimos con ellos alguna conversación significativa (padres demasiado ocupados y/o ausentes), cuando creemos que mientras estén en su habitación con el celular, “estarán bien” …

Los hijos no se pierden en la calle, se pierden en la casa, cuando se sienten solos, cuando no se sienten escuchados, amados o como parte de una familia, con ese cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas.
Por esta razón, hoy te digo, que voltees a ver a tus pequeños, platica con ellos, pasa un mínimo de dos minutos diariamente, atendiendo sus necesidades afectivas. En este tiempo olvídate del celular, pareja y otras actividades y plática de cualquier cosa con ellos, cuenten chistes, adivinanzas, solo escucha, sin regañar, omitiendo opiniones o diciendo tus propias experiencias de cuando eras niño, a menos que ellos pregunten, haz que se sientan a gusto contigo, haz que añoren cada noche esos dos minutos, convierte ese tiempo exclusivamente para ustedes. Tal vez, al principio se te harán eternos, pero conforme pasa el tiempo, verás que esos dos minutos no les alcanzan para nada. Lo importante es empezar y continuar, ser constantes y verás las maravillas que hacen esos dos minutos, no dejes que se sigan perdiendo en su habitación.
¡¡abrázalos y ámalos!!
Artículo para descargar:
Los hijos no se pierden en la calle – Guadalupe Cruz