Artículo por Ana Elisa Moreno
Comencemos desde el principio.
De acuerdo con Michael J. Griffin, fundador del Instituto de investigación del sonido y vibración en USA, en la “Enciclopedia de salud y seguridad en el trabajo” explica que la vibración es un movimiento oscilatorio. Este tiene cierta magnitud de acuerdo con la velocidad de desplazamiento hacia una dirección y después, la velocidad de desplazamiento hacia la dirección opuesta. El cambio de velocidad entre ambas nos da una frecuencia de vibración que se mide en ciclos por segundos, es decir hertzios (Hz). Esta frecuencia vibratoria afecta al cuerpo de muchas maneras.
El cuerpo humano tiene un límite máximo de frecuencias que puede recibir sin efectos adversos, y estos van de 0.5 a 100 Hz. Entonces, la respuesta humana a las vibraciones varía según la frecuencia de vibración que depende también de la duración total de la exposición a esa vibración. Ciertas frecuencias tienen efectos adversos como malestares físicos, cognitivos (aprendizaje, memoria, toma de decisiones…) y psicoemocionales (excitación, motivación, tensión mental…).
Así pues, si la materia está compuesta de células, y éstas de moléculas, y éstas de átomos, y los átomos de electrones, protones y neutrones, y éstos de quarks, al final, todo es energía y todo vibra, incluso los pensamientos. En palabras de Mariana Fresnedo, ingeniero industrial dedicada a entender esto de las vibraciones, “los pensamientos son pulsaciones de frecuencia”, así que, si tienes pensamientos positivos, éstos se mueven a frecuencias más elevadas y decimos que estamos vibrando alto, y los pensamientos negativos tienen frecuencias más densas y, por tanto, decimos que estamos en baja vibración. Transformar nuestros pensamientos es un arte, y podemos lograrlo. Hablemos un poco más de otros componentes:
Como nosotros vibramos, por resonancia captamos la vibración afín y ésta se expande.

La resonancia es el incremento de la amplitud de cierta frecuencia aplicada que es igual o cercana a otra frecuencia, es decir, si dos objetos vibran a la misma frecuencia o muy similar, se “reconocen” y amplían la magnitud de esa frecuencia entre ambos. Por ejemplo: Imaginemos una orquesta en donde dos violines siguen la misma partitura y por tanto al ser tocados emiten la misma vibración, lo que escucharemos es el mismo sonido incrementado, expandido.
Entonces, si nosotros vibramos y por resonancia captamos la vibración afín y ésta se expande, ¿cómo sabemos nuestra vibración? Simple: observa lo que hay a tu alrededor.
En general nuestra vibración es variable durante el día de acuerdo a lo que hacemos, pensamos y sentimos, pero no es azarosa, nuestra vibración está bajo nuestro control. Si nuestra vibración baja, podemos subirla si ponemos atención y hacemos lo necesario.
Una vibración baja, atrae por resonancia, situaciones, objetos y pensamientos de baja vibración, por ejemplo: Si estamos conectados al miedo y no hacemos nada para salir de él, en muy poco tiempo habremos generado más situaciones, objetos y pensamientos que incrementen (amplíen) este miedo, y terminaremos teniendo miedo del miedo que sentimos porque la frecuencia del miedo resuena (se conecta) al miedo que hay alrededor de nosotros.
De forma inversa, una vibración alta, atrae por resonancia, situaciones, objetos y pensamientos de alta vibración.
Ciertamente no podemos estar siempre en alta vibración porque la vida cambia, suceden cosas fuera de nuestro control, sin embargo, si podemos modificarla si nos encontramos en baja vibración. ¿Qué podemos hacer?
1. Cuidar lo que consumimos, y eso aplica a alimentos, pensamientos, información, música, pláticas, actividades de recreación…y en general, todo lo que entra por nuestros sentidos.
2. Ser consciente de la calidad de tus pensamientos para hacer lo que tengas que hacer para dirigirlos hacia la coherencia personal.
3. Sintoniza con tus verdaderos deseos, pregúntate cada tanto si estás dónde quieres, si haces lo que quieres, si eres quien quieres ser y haz los movimientos necesarios para mantenerte alineado a tu esencia.
4. Obsérvate para detectar los detonantes del miedo, la angustia y el enojo para que puedas trabajar con ellos y minimizar el impacto en tu vida.
5. Mantén una clara intención de lo que quieres y para qué lo quieres y permite que el campo unificado de consciencia se manifieste.
6. Dormir suficiente, cantar, bailar, tener un pasatiempo, aprender cosas nuevas y relajarte cada que te sea posible.
7. Y, sobre todo, descubre el amor en ti, llénate de él y notarás que naturalmente lo compartirás con los demás.

Recuerda que podemos elegir nuestra vibración y no solo vivir el caos que puede desequilibrarnos. Mucho de lo que vivimos está fuera de nuestro control, lo que sí podemos controlar es cómo queremos responder a ello y qué deseamos sintonizar en nuestra vida.
Artículo para descargar:
Qué es estar en alta o baja vibración – Ana Elisa Moreno