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Los hijos no se pierden en la calle, se pierden en la casa…

Escrito por: Guadalupe Cruz
Psicoterapeuta

¿Alguno de ustedes ha leído o escuchado esta frase?

Me gustaría comentarles que hoy a la hora del almuerzo, mi hija menor mencionó que estaba viendo una serie, su hermano le preguntó que cuál y ella dijo el nombre, entonces su papá me voltea a ver y me dice “¿sabes que serie es y de que trata?”

¡¡Inmediatamente contesté “¡¡Si, claro!! Es una de dibujos animados”

Mi esposo sonrió (aunque más que sonrisa pareció mueca) y me dijo “No, ¡no sabes de qué se trata!” y me explicó que, aunque fuera de dibujos animados, era una serie para adultos; yo me sentí pésimo, ¿en qué momento mi pequeña empezó a ver eso? ¿Cómo es que yo había sido tan confiada y pensar que por ser de dibujos animados estaba realizada para niños?

Y fue aquí donde recordé tan maravillosa y cierta frase: “los hijos no se pierden en la calle, se pierden en la casa”

Muchas veces en nuestro diario vivir nos es más cómodo que nuestros hijos pasen horas viendo televisión o estén encerrados en su habitación con un dispositivo móvil, primero porque “no me da lata”, “no me interrumpe”, “no me hace tiradero”, y segundo porque “es mejor que esté en su casa y no ande en la calle de vago”; pero… ¿hasta dónde esto resulta “seguro” o “positivo”?

Si bien es cierto, que muchas veces no tenemos tiempo, es importante saber qué están haciendo nuestros hijos dentro de su habitación, qué ven en su celular y cuidar el tiempo que pasan en este dispositivo.

Por lo tanto, quiero decirles que fue hasta hoy que pude entender el significado de esta frase que es total y absolutamente cierta, sobre todo en la actualidad, donde nuestros hijos en edad escolar tienen acceso a la tecnología y a las redes sociales …

Nuestros hijos no sé pierden en la calle, se pierden en la casa cuando no hay un ambiente cordial, cuando los padres trabajamos de sol a sol y no compartimos con ellos alguna conversación significativa (padres demasiado ocupados y/o ausentes), cuando creemos que mientras estén en su habitación con el celular, “estarán bien” …

Los hijos no se pierden en la calle, se pierden en la casa, cuando se sienten solos, cuando no se sienten escuchados, amados o como parte de una familia, con ese cúmulo de necesidades no atendidas y frustraciones no gestionadas.

Por esta razón, hoy te digo, que voltees a ver a tus pequeños, platica con ellos, pasa un mínimo de dos minutos diariamente, atendiendo sus necesidades afectivas. En este tiempo olvídate del celular, pareja y otras actividades y plática de cualquier cosa con ellos, cuenten chistes, adivinanzas, solo escucha, sin regañar, omitiendo opiniones o diciendo tus propias experiencias de cuando eras niño, a menos que ellos pregunten, haz que se sientan a gusto contigo, haz que añoren cada noche esos dos minutos, convierte ese tiempo exclusivamente para ustedes. Tal vez, al principio se te harán eternos, pero conforme pasa el tiempo, verás que esos dos minutos no les alcanzan para nada. Lo importante es empezar y continuar, ser constantes y verás las maravillas que hacen esos dos minutos, no dejes que se sigan perdiendo en su habitación.

¡¡abrázalos y ámalos!!

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Los hijos no se pierden en la calle – Guadalupe Cruz

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Constelaciones familiares

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Hay que dejar que tus hijos sean niños

Hace poco, en una reunión, escuchaba decir a algunas personas que la mayoría de los niños eran más inquietos que la mayoría de las niñas y entonces pensé…

¡Obviamente! si no, ¿cómo es que cuando crecen y se convierten en padres pueden dar ese sentido de vida a los hijos?

El niño ya como padre, promueve en los hijos la capacidad de explorar y asumir retos, pero…

¿Cómo puede cumplir con esa función, si de pequeño no lo dejan explorar?…

Los varones y las mujeres traen innato el comportamiento que debe ayudarlos cuando son adultos a dirigir a sus propios hijos.

Los niños son exploradores por naturaleza, quieren y deben explorar su mundo, a través de esa inquietud ellos fortalecen lo que en su vida adulta tendrán que enseñar a su descendencia…

Pero como padres de esos pequeños exploradores, ¿qué hacemos? Exacto, los regañamos, nos enojamos con ellos, no les permitimos aprender, los limitamos diciendo “te vas a caer” “eres muy pequeño para hacer eso”, “deja se ser tan inquieto y ya siéntate”, ¿a alguien le suena eso? ¿Quién de ustedes lo ha hecho?

Las niñas, por el contrario, ya cómo madres, son las encargadas de brindar la confianza y seguridad emocional a los hijos.

El padre es clave en la familia y en el desarrollo de los niños, es una figura de apoyo y seguridad que permite adquirir mayor autonomía e independencia a los hijos.

La madre por su parte, da la regulación emocional y la enseñanza de las herramientas para la vida.

Es importante mencionar que ninguna de estas tareas debe ser responsabilidad solo de una de las partes, deben trabajarse en conjunto.
Pero… ¿Cómo puedo desarrollar esa habilidad? ¡Desde niños!

Así que la próxima vez que digas que un niño es muy inquieto, mejor pregunta, ¿Cómo puedo apoyar y guiar a mi hijo para que como adulto haga bien sus funciones si algún día desea ser padre/madre?

Nota: Recuerda que ellos son niños y nunca deben dejar de estar bajo la supervisión de un adulto.

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Hay que dejar que tus hijos sean niños – Guadalupe Cruz

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¿Y si cambias de camino?

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La importancia del orden en los sistemas familiares

Por: Bertha Grunberger

Sin orden no fluye el amor

Bert Hellinger, creador de las Constelaciones Familiares

¿A qué nos referimos cuándo hablamos de Orden dentro de los sistemas familiares?

Bueno, pues decidir tomar el lugar que nos corresponde en la vida es uno de los movimientos más transcendentales que podemos hacer para nuestra sanación, si no es que el más importante.

Imagina que se va a jugar un partido de fútbol donde de los once jugadores de un equipo están preparado, pero ninguno conoce su posición. El árbitro da el silbatazo de inicio y el balón está en juego. El equipo que no conoce sus posiciones se encuentra confundido, nadie sabe para dónde correr ni si deben atacar o defender. Uno de los jugadores se queda en la portería y les grita a los otros que él ocupará esa posición para que los demás ataquen, pero mientras esto sucede ya tienen dos goles en contra, uno decide atacar y le pide a otro que lo acompañe. Así, mientras el partido sigue su curso, los jugadores se organizan para definir las posiciones. Sin duda una gran desventaja para ellos.

Cuando no hay orden en un grupo, la energía de éste se distrae de su objetivo principal mientras no se restablezca el orden. Es decir: el equipo no puede poner su energía en el partido mientras no se definan las posiciones de cada jugador, y éstos sepan cual es su lugar y su función dentro del equipo.

De esta manera sucede en nuestras vidas con los sistemas familiares. Es muy común que dentro de estos sistemas nazcamos hijos y pronto nos convirtamos en la pareja de alguno de nuestros padres; en madre o padre de nuestros hermanos; en madre o padre de nuestros propios padres; incluso, en padres o hijos de nuestra pareja… un verdadero caos, y lo mismo pasa en el partido de futbol.

Así, pues, cuándo tomamos estos lugares, que no nos corresponden, estamos como los jugadores del equipo: desconcertados, sin saber qué hacer ni para dónde movernos, y evidentemente los objetivos de salud, éxito profesional, plenitud en pareja, etcétera, no pueden ser atendidos, ya que se está trabajando en el restablecimiento del orden.

Entonces, ¿porque tomamos lugares que no nos corresponden?

Bueno, son varias las razones y las analizaremos una por una.

      – Por amor: los movimientos de nuestro lugar para asumir responsabilidades o lugares que no nos corresponden se originan por intenciones amorosas de cuidado y de protección. Si percibo que mi mamá se quedó sola y desamparada porque mi papá se fue, es muy posible que desde el amor quiera ocupar su lugar y ponerme al cuidado de mamá y sus hijos.

      – Por exclusión: si hay algún excluido dentro del sistema, inconscientemente podemos tomar su lugar para reestablecer el orden y recordarle al sistema que nos estamos olvidando de alguien. Por ejemplo: no se habla del pariente que cometió un delito y no se le reconoce su lugar por los actos cometidos. Es posible que alguien del sistema cometa actos delictivos.

      – Por juicio: cuando se juzga a algún miembro del sistema por su forma de ser o de actuar, no se le está honrando, y en esos casos (por más que intentemos no parecernos a esa persona y no repetir historias), inconscientemente lo haremos pues es nuestra única manera de honrar y sentirnos cerca de dicha persona. Por ejemplo: se juzga al padre por haber sido infiel con la madre, y es muy probable que la hija o hijo sea infiel; de esta manera le dice al padre inconscientemente «soy igual que tú, así te honro y así me siento cerca de ti».


Entonces cuando estamos ocupando lugares, destinos, historias y responsabilidades que no nos corresponden es difícil vivir la vida propia, de ahí la importancia de TOMAR NUESTRO LUGAR EN LA VIDA y poder jugar el partido desde nuestra posición, sacando lo mejor de nuestras habilidades y respetar las posiciones de los demás para tener un marcador favorable.

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Constelaciones familiares – Bertha Grunberger